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Why Trump?

Why Trump?

La llegada de Trump al poder ha inspirado varias reflexiones sobre las razones que han llevado a semejante situación. Algunas se refieren a aspectos bastante peculiares del sistema político norteamericano, pero otras viajan y nos interpelan sobre algunos de los retos de nuestras democracias.

Suena tremendamente duro decirlo, pero el sistema político de los Estados Unidos se construyó, tras la Guerra Civil, sobre la base de un compromiso que excluía políticamente a la población afroamericana. La abolición de la esclavitud se aceptó en el Sur a cambio de la marginación política de los antiguos esclavos, estableciendo innumerables trabas para el ejercicio del voto. La historia política norteamericana de la primera mitad del siglo XX es en gran medida la historia de la segregación racial, la privación de derechos, la explotación y la violencia contra la población negra. La situación era especialmente dura en los estados del Sur, dominados electoralmente por el Partido Demócrata. Durante el tiempo que duró esta exclusión de la minoría afroamericana, el sistema político norteamericano funcionó (salvo por algunas excepciones significativas como el Macartismo) con un escrupuloso respeto a las reglas informales de la democracia, grandes dosis de tolerancia mutua y de autocontrol institucional en ambos partidos.

El movimiento por los derechos civiles siguió diferentes estrategias de presión, que en los años 1950 se ampliaron con protestas y manifestaciones. Como resultado de éstas, a lo largo de los años 1960 se aprobaron diferentes medidas legislativas contra la discriminación por razón de raza o color, incluyendo en 1965 la suspensión de las pruebas de alfabetización y otras “subjetivas” necesarias para registrarse en el censo electoral. El apoyo del Partido Demócrata al movimiento de los derechos cívicos implicó la pérdida de su hegemonía en el Sur: los blancos conservadores pasaron a votar al partido republicano.

A consecuencia de todo esto desde los años 1960 se viene produciendo un proceso de clasificación partisana de los electores (partisan sorting): las bases sociales de los partidos Demócrata y Republicano se han ido diferenciando progresivamente. El Partido Demócrata representa a las minorías, a los blancos con niveles de estudios más elevados, y a los residentes en zonas urbanas. Refleja el cambio cultural visible en todas las democracias postindustriales: junto a cuestiones socioeconómicas tradicionales, ha incorporado a su agenda el reconocimiento y la defensa de los derechos de las mujeres, las minorías étnicas (con creciente peso en la población), los colectivos lgtbq. El Partido Republicano actúa en reacción ante la amenaza que todo esto implica para su identidad dominante, blanca y tradicional. Representa sobre todo a los ciudadanos blancos, a residentes zonas rurales, y se sustenta en una potente alianza entre religiosos ultraconservadores que rechazan el cambio de valores, y millonarios que quieren menos impuestos.

Este proceso de adscripción creciente de los votantes a los partidos en función de sus características sociodemográficas explica a su vez la progresiva polarización en la política norteamericana. Los partidos cada vez se diferencian más en la composición de su base social. Pero no es que sus electores se hayan distanciado en sus posiciones sobre políticas concretas. Según los datos, los simpatizantes de ambos partidos siguen estando tan lejos (o tan cerca) como estaban hace unas décadas en política exterior, económica, sanitaria o educativa. La polarización se manifiesta en la dimensión afectiva: lo que ha aumentado significativamente es el rechazo al partido contrario y a sus simpatizantes. Y junto a la creciente polarización afectiva, ha terminado la era de la tolerancia y el autocontrol en las instituciones, como ejemplifican los polémicos nombramientos de jueces del Tribunal Supremo, el uso del filibusterismo, el gerrrymandering o el ataque a los medios de comunicación por parte de Trump.

Pero esta reacción conservadora frente a la incorporación política del electorado afroamericano no puede considerarse el único factor explicativo de la elección de Trump. El populismo norteamericano se diferencia del europeo en que mientras éste último es, mayoritariamente, patrimonio de partidos desafiantes que suelen aparecer entre otras razones por la convergencia ideológica de los grandes partidos tradicionales, en Estados Unidos se trata de la llegada al poder de un outsider en un partido tradicional. El hecho de que alguien como Trump llegara a candidato del Partido Republicano requiere añadir al análisis otros elementos.

Tras su derrota de 1968 (marcada por la guerra de Vietnam, la represión de las protestas contra la misma, y el asesinato de Kennedy) el Partido Demócrata creó una comisión de estudio. Esta determinó que las primarias eran la manera de resolver la crisis que le aquejaba. La adopción de las primarias por el Partido Demócrata primero y posteriormente por el Partido Republicano es, según algunas interpretaciones, un elemento determinante de la victoria de Trump (y más generalmente de la creciente debilidad de los partidos2). La adopción de este mecanismo hace más difícil para los líderes controlar a posibles candidatos radicales, especialmente si éstos cuentan con una gran cantidad de recursos económicos. El espectacular peso del dinero en la política norteamericana, los medios conservadores alternativos y el espectacular uso las redes sociales por parte de la alt-right (una mezcla de nacionalistas, antisemitas, radicales misóginos y neonazis) hicieron el resto. La victoria de Trump es otro indicador de que, sin partidos fuertes, la democracia se vuelve aún más complicada de lo que ya es. Nos interpela sobre la dificultad de conseguir una democracia sólida dentro y fuera de los partidos en contextos de alta polarización y los que la tecnología está, por desgracia, muy lejos de constituir una salvación.


1 Steven Levitsky y Daniel Zibblat desarrollan este argumento en How Democracies Die recientemente publicado en castellano por Ariel. 2 Frances Rosenbluth e Ian Shapiro desarrollan este argumento en Responsible parties: saving democracy from itself. New Haven: Yale University Press.

2 Frances Rosenbluth e Ian Shapiro desarrollan este argumento en Responsible parties: saving democracy from itself. New Haven: Yale University Press.

Autor/Autora

Eva Anduiza

Catedrática de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Barcelona. @evaanduiza

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