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El voto a los partidos verdes desde la Gran Recesión de 2008

El voto a los partidos verdes desde la Gran Recesión de 2008

Los efectos electorales de la Gran Recesión de 2008 y de sus crisis políticas asociadas, las tendencias de desalineamiento electoral e incremento de la volatilidad que eran visibles en los países occidentales desde hace décadas, y el reforzamiento de conflictos políticos alrededor de la globalización han contribuido a cambios notables en los sistemas de partidos europeos. En este contexto de cambio se ha prestado atención con cierta frecuencia a la crisis de los partidos socialdemócratas y democratacristianos, a las dificultades electorales de muchos partidos mainstream de centroizquierda y centroderecha, al éxito de varios partidos populistas de derecha radical y al crecimiento de algunos partidos de la izquierda radical en Europa occidental. Sin embargo, mucha menor atención se ha prestado a la evolución de los partidos verdes en este período, en el que nuevas oleadas de cambio electoral se han añadido a corrientes estructurales de transformación de la política europea. ¿Cuál es el balance electoral de los partidos verdes de Europa occidental en este período post-2008?

Los sistemas de partidos de las democracias occidentales muestran señales de cambio e inestabilidad producto de las modificaciones de los ejes de conflicto, de la erosión de las fracturas políticas tradicionales que habían estabilizado los electorados europeos y de la aparición de nuevas dimensiones de conflicto (algunas de las cuales parecieran no poder ser fácilmente subsumidas en los ejes de conflicto clásicos). Ya sea por la erosión del conflicto izquierda-derecha y sus reconfiguraciones en el conflicto Estado-mercado, por el debilitamiento de las identidades políticas tradicionales o por la aparición de conflictos integración-demarcación, ‘libertarianismo’-autoritarismo, o universalismo-particularismo, el cambio en los ejes de conflicto ha afectado a los partidos desafiando sus bases de apoyo tradicionales, las coaliciones sociales sobre las que construían su electorado y, con ello, las pautas de competición interpartidista. Estos cambios son bien conocidos aunque el análisis político aún no ha establecido definitivamente la nueva configuración del conflicto político. Sí sabíamos que, en el período inmediatamente anterior al estallido de las crisis económicas y políticas iniciadas en 2008, los partidos verdes de Europa occidental habían logrado estabilizar una coalición electoral, una base electoral de apoyo, con unas características sociodemográficas y actitudinales bien definidas. Así, entre otros indicadores, el caso de los partidos verdes parecía señalar que a pesar del debilitamiento de los vínculos partidos-electores, del aumento de la volatilidad y del cambios en las bases sociales del conflicto político, era posible recrear una asociación duradera entre un electorado relativamente bien definido sociopolíticamente y un partido. Lo que no sabemos muy bien, en cambio, es cómo esa coalición electoral que habían sido capaces de construir los partidos verdes ha sobrevivido a la tormenta política que ha traído la Gran Recesión de 2008 y a la intensificación de la relevancia de los nuevos ejes de conflicto en las sociedades capitalistas avanzadas.

Hay buenos motivos para pensar que la crisis políticas y económicas de 2008 han podido afectar al electorado de los partidos verdes. En primer lugar situaban un tema político sobre el que los verdes no disponen de una reputación consolidada (la crisis económica) como prioritario en la agenda. Desde luego, la Gran Recesión no ha afectado a todos los países con igual intensidad, y algunos partidos verdes son actores muy significativos en sociedades que precisamente, en términos relativos, no han sufrido una grave crisis económica. Ahora bien, incluso los países menos afectados económicamente han sentido los efectos de la crisis de 2008. La transformación de la crisis económica en una crisis del euro, de la zona euro o de la Unión Europea, y el modo en que ha acentuado la relevancia de las nuevas dimensiones o ejes del conflicto político (ya sea el conflicto alrededor de la integración europea frente a las soberanías nacionales o alrededor de políticas o actitudes universalistas frente a particularistas) ha hecho que incluso países con indicadores económicos no muy alarmantes hayan experimentado un período de cierta convulsión política que ha podido afectar a los partidos verdes. Junto a ello, la crisis de la UE ha podido favorecer opciones y actitudes políticas más críticas con la UE que las que mantienen los partidos verdes.

Además, la crisis de 2008 se ha manifestado muy frecuente en castigo electoral a los partidos mainstream, rechazados en las urnas en un período de descontento económico y político. Y los partidos verdes son ya una de las grandes familias de partidos de Europa, son actores políticos establecidos, con abundante experiencia de gobierno en los niveles nacional, regional y local. Y así, el castigo a partidos mainstream ha podido extenderse a los verdes también.

Analizar la evolución de los partidos verdes y sus base social de apoyo requiere examinar la composición de su electorado en términos sociodemográficos y actitudinales en esta fase de crisis económica y política, requiere estudiar cómo la intensificación de algunos nuevos ejes de conflicto han afectado su voto. Pero antes de eso, una primera tarea consiste en evaluar si su peso electoral ha crecido o disminuido. El Gráfico 1 muestra cómo el voto a los partidos verdes en Europa occidental sigue una tendencia de crecimiento pero también de creciente heterogeneidad desde la aparición de estos partidos. Leídos así, los datos no parecen indicar que la crisis de 2008 hayan afectado negativamente a los partidos verdes.

Gráfico 1. Voto a los partidos verdes en Europa occidental (elecciones legislativas nacionales)

grafico_1_verdeseuropeosNota: se incluyen en el gráfico partidos verdes de Alemania, Austria, Bélgica, Chipre, Dinamarca, Finlandia, Francia, Grecia, Holanda, Italia, Irlanda, Luxemburgo, Noruega, Suecia, Suiza y Reino Unido.

 

 

Sin embargo, una mirada con un poco más de detalle a las elecciones celebradas desde 2009 señala que el peso electoral de los verdes ha tendido ha mantenerse estable durante el período de post-crisis (Gráfico 2). De existir alguna tendencia en el voto verde en las elecciones celebradas a partir de 2009, es de estabilidad.

 

Gráfico 2. Tendencia del voto a partidos verdes en Europa occidental antes y después de 2008 (elecciones legislativas nacionales)

grafico_2_verdeseuropeos

Ahora bien, leer una tendencia en los datos post-2008 es arriesgado, tanto por el reducido número de elecciones que han tenido lugar desde 2009 como por la creciente heterogeneidad electoral de los partidos verdes. La importancia de esto último queda bien reflejada en el siguiente Gráfico 3, que muestra la notablemente variada evolución electoral sólo en una muestra de países (Austria, Alemania, Finlandia, Francia y Holanda). A finales de los 90, los cinco partidos se movían en cifras de voto similares, mientras que quince años después la divergencia es muy considerable.

 

Gráfico 3. Resultados electorales de los partidos verdes en Austria, Alemania, Finlandia, Francia y Holanda (elecciones legislativas nacionales)

grafico_3_verdeseuropeos

Así, si se observan los resultados obtenidos por 13 partidos verdes en las últimas elecciones previas a la crisis de 2008 y en las más recientes, la imagen que apuntan los datos de la Tabla 1 es la de una diversidad notable. La tabla incluye a buena parte de los partidos verdes de Europa occidental, partidos verdes débiles unos y muy exitosos otros, y los datos muestran tanto crecimientos como descensos electorales en estos años. Siete partidos han mejorado sus resultados, cinco los han empeorado y en otro caso el resultado tras la crisis es el mismo que obtuvo el partido en las elecciones previas a la Gran Recesión.

 

Tabla 1. Resultado (% de voto) de los partidos verdes antes y después de 2008

tabla_1_verdeseuropeos

Por otro lado, una lectura aún más detallada encuentra en la heterogeneidad del apoyo una pista para entender mejor qué está ocurriendo con esta familia de partidos. Los gráficos incluían solo los datos más recientes del SF danés, que debe considerarse plenamente como partido verde únicamente en el momento en que precisamente está experimentando una crisis electoral importante. E incluían también el colapso electoral de los verdes italianos antes de concurrir en diversas coaliciones con la izquierda radical. Incluían Grecia, pero no ahora cuando, aunque no se presentan a elecciones en solitario, los verdes –en coalición con Syriza– han logrado volver al Parlamento. No incluyen datos de Catalunya y España, donde ICV ha consolidado su presencia en parlamentos y gobiernos locales, y donde Equo tiene una representación nunca antes alcanzada por los verdes españoles. Y no incluyen datos de Islandia, donde el Movimiento de Izquierda Verde, que no debe considerarse completamente un partido verde, ha sido el segundo partido más votado (tras los conservadores) en las elecciones de 2016. Además, en los próximos meses se celebran elecciones en algunos países particularmente importantes para los verdes.

Teniendo en cuenta estos datos y esas precauciones, ¿qué es posible concluir sobre el voto a los partidos verdes durante la crisis? Primero que, en su conjunto, los partidos verdes son actores políticos electoralmente relevantes en un buen número de países de Europa occidental, y que lo han seguido siendo tras la crisis. Podía entenderse que la crisis de 2008 suponía un contexto adverso para los partidos verdes por poner en primer plano cuestiones políticas en las que los verdes no disponían de una reputación consolidada (economía), por favorecer opciones más euroescépticas o por provocar el castigo a los partidos mainstream pero, en cambio, los datos agregados no indican que la Gran Recesión haya sido electoralmente negativa para todos los verdes. Y segundo, que la evolución de su peso electoral envía señales de cierta estabilidad, pero también de que su fuerza electoral es crecientemente heterogénea. ¿Qué nos queda por saber? Debemos analizar mejor los factores que afectan a su voto durante esta fase. Algunos de esos factores se refieren a las actitudes y preferencias de distintos grupos de votantes, pero otros están relacionados con los propios partidos (cómo afectan a su voto sus estrategias políticas y su presencia o experiencia en el gobierno, por ejemplo), otros están relacionados con el contexto político (la variedad de condiciones de competición y el peso y movimientos de distintos competidores, por ejemplo) y otros están relacionados con el contexto socioeconómico (sobre todo la relevancia, expresión e impacto de las diferentes dimensiones del conflicto político contemporáneo en cada país).

Luis Ramiro
Universitat de Leicester, Gran Bretanya

Autor/Autora

Luis Ramiro

Professor de Ciència Política, UNED

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