Politics, policies… y polity. Revisat per Revista Treball a . Es bastante habitual escuchar estos días lamentos por el exceso de tacticismo y la poca atención al programa de los partidos. Aquello de “preocuparse más por lo Es bastante habitual escuchar estos días lamentos por el exceso de tacticismo y la poca atención al programa de los partidos. Aquello de “preocuparse más por lo Rating: 0
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Politics, policies… y polity.

Politics, policies… y polity.

Es bastante habitual escuchar estos días lamentos por el exceso de tacticismo y la poca atención al programa de los partidos. Aquello de “preocuparse más por los sillones que por las propuestas”. En términos de la ciencia política se traduciría por una confrontación entre lo que llamamos politics vs. policies. Pero, ¿tiene sentido que tratemos estos dos aspectos como algo separado?

El bipartidismo está tocado pero no hundido, en crisis pero no muerto. Es normal que sus protagonistas quieran reanimarlo como puedan. Y es normal que sus verdugos esperen darle la puntilla. Si no se incorpora este componente más estratégico de fondo no se entiende nada de lo que llevan haciendo los partidos desde las elecciones.

Sí, claro, son politics, táctica y estrategia. ¿Qué si no? Pero ¿es que acaso se pueden separar policies (programas y políticas públicas) de politics (estrategia)? ¿No están las primeras condicionadas por los marcos que delimita la segunda? ¿Cambiar esos marcos (politics) no es una buena manera de impulsar tus policies, incluso de abrirles nuevas fronteras?

Pongamos como ejemplo el pacto PSOE-C’s. Cuando uno elige a sus socios, está también eligiendo los marcos del debate y, con ello, sus renuncias y sus líneas rojas. Aunque disimulen. Fijémonos: Obvio que, tal como está el patio, quien quiera gobernar debe pactar con alguna derecha. Si la derecha elegida es C’s ello implica que el PSOE ceda en el programa de izquierdas, si la derecha elegida es PNV y/o CDC-ERC, en el nacional, aceptando un referéndum. El PSOE elige ceder en el eje izquierda-derecha para no hacerlo en la cuestión nacional. Así, lo que se vende como un pacto al que la izquierda no debería decirle que no, nace de un No inicial a la izquierda. La opción podría ser la contraria, aceptar un referéndum y conseguir un programa 100% de izquierdas, que evitarlo y ceder programa a la derecha. Pero no. Y no digo que no sea racional. Digo que no hay policies sin polítics.

De hecho, cuando algunos partidos consideran que pueden hablar de policies sin politics es porque la segunda es tan indiscutida e indiscutible que se da por sentada. O bien porque se pretende instalar que es así. Esto es precisamente lo que consiguió el bipartidismo durante décadas en este país. Por eso durante décadas parecía que había sólo dos partidos con “licencia para gobernar” España, PP y PSOE, la virtud principal de los cuales residía, a menudo, en ser menos malo que el adversario.

Por eso no es casualidad que hoy, coincidiendo con la fractura del bipartidismo, se reabra el debate sobre los límites de lo posible, que no tienen por qué reducirse a Sánchez o Rajoy.

Asistimos, pues, a una lucha más profunda de paradigmas, de lógicas: la bipartidista frente a la pluralista.

Por eso el PSOE lucha por mantener su papel como alternativa al PP y seguir describiendo la realidad como una cuestión exclusiva de elegir entre él o el abismo. Sin más. Por eso se dirige a Podemos como si la alternativa a su acuerdo de investidura con C’s fuera un gobierno del PP. Y no es verdad. Por eso el PSOE rehúye un gobierno de izquierdas, especialmente, fíjense, a partir del momento en que Podemos se lo ofrece. Porque esto implicaría situar a Podemos como actor tan protagonista como ellos. Por eso su argumento más reiterado es: “si no me apoya, Podemos está votando lo mismo que Rajoy”. Bipartidismo de manual. Politics as usual. En Cataluña conocemos bien las renuncias que llegaron de la mano del “si no quieres PP vota PSC”.

Y por ese combate de fondo, sobre los límites del escenario, la izquierda plural exige cambiar las reglas del juego. Y ahí entra el tercer anglicismo olvidado, la polity, la estructura, la manera habitual de organizar la política, formal e informal.

El 15M, mito fundacional de Podemos, y mito refundacional para la izquierda alternativa histórica, inspira un cambio de paradigma. Sus discursos no se dirigen tan solo a las policies, o a la politics, sinó a la polity. No nos acordamos ya del “lo llaman democracia y no lo es”, “democracia real ya”, “no nos representan”…?

Por primera vez esa izquierda plural (Podemos-En Comú Podem y el resto de confluencias-IU) tienen más votos que el PSOE. Sería un error no aprovecharlo para cambiar las regles del juego. Así mismo, Podemos en particular son nuevos, y nacieron en parte para eso, para cambiar el escenario, para romper el bipartidismo.

Podemos tiene la responsabilidad de forzar un cambio en los términos de la relación entre partidos. Su mandato, o las esperanzas que ellos mismos se arrogaron (también puede ser) es tanto o más de polity y de polítics que de policies.

Por ello esa izquierda plural exige entrar en el gobierno, lo nunca visto. Exige programa, sí, pero también ministerios. Como antes exigió grupos propios para las confluencias. Exige, por supuesto, enterrar el juego del mal menor y la lógica bipartidista de la resignación. Exige un trato de igual a igual, entre lo viejo y lo nuevo. Exige un cambio de policies, de politics y de polity.

Autor/Autora

Sergio De Maya

Politòleg, professor associat de la UB. Director de Treball

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