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La roca y la marea

La roca y la marea

Culturas organizativas en las fuerzas políticas transformadoras

Me piden que escriba un artículo con motivo de la Asamblea Organizativa que Catalunya en Comú celebrará el próximo 22 de abril, y que culminará un proceso de análisis y deliberación de más de tres meses[1]. Quisiera aprovechar la oportunidad para abordar un tema que está en el trasfondo de todas las discusiones mantenidas: la cuestión de las culturas organizativas.

La cultura organizativa es el modo en el que se conjugan el conjunto de valores, creencias, hábitos, “identidades”, formas de ver y estar en el mundo, etc. de los miembros de una determinada organización, para dar lugar a “la manera” en la que la organización opera (el “cómo” hace las cosas).

Desde mi punto de vista, hay 4 paradigmas (formas de ver y estar en el mundo) que resultan claves a la hora de construir una organización política transformadora y de mayorías para el siglo XXI: la radicalidad democrática, el ecologismo, la feminización de la política y el municipalismo.

La radicalidad democrática tiene que ver, en primer término, con la posibilidad de que a través de mecanismos adecuados todas las personas de la organización puedan participar en el análisis, el diseño, la decisión, la ejecución y la evaluación de las acciones que ésta lleve a cabo. En segundo término, y aún más importante, con la capacidad de promover consensos y gestionar los disensos. En otras palabras, es más radicalmente democrática aquella organización que es capaz de contener más disenso sin “romperse” que aquella que impone el “consenso” a costa de expulsar a los que piensan de manera diferente.

El ecologismo aporta una pregunta fundamental para cualquier organización: ¿Cómo usar los recursos de que dispone para alcanzar los objetivos que se propone? Y aunque parezca sencilla, es de una enorme profundidad, pues pone en crisis múltiples apriorismos y desencadena un conjunto de preguntas adicionales… ¿Realmente los objetivos son significativos o alcanzables? ¿Cuáles son los recursos de que dispongo (económicos, humanos, intangibles…)? ¿Necesito más recursos? ¿De dónde los obtengo? ¿A qué es preferible asignar los recursos de entre todas las posibilidades a mi alcance? ¿Hay maneras creativas y novedosas de sacar partido a los recursos y evitar despilfarrarlos?…

El feminismo es, sin duda, el paradigma que más nos puede ayudar a construir un nuevo tipo de organizaciones. De manera inexcusable, eliminando las desigualdades existentes en lo que se refiere a la presencia de las mujeres en los espacios de poder, en el uso del tiempo en los espacios de deliberación compartida, etc. Pero eso es solamente la punta del iceberg. El potencial transformador del feminismo pasa por derribar los valores de la masculinidad a la hora de hacer política (el patriarcado), que priman la individualidad, la dominación, el uso de la violencia (verbal, psicológica, estructural, de rango, etc.), que las deliberaciones se conceptualicen en términos de “ganadores y perdedores”, ideas aberrantes como “purga” o “depuración”, etc. Y sustituirlos por valores orientados a lo colectivo, al cuidado de las otras y de una misma, como la escucha, la empatía y la capacidad de construir nuevas posiciones superadoras en las que todas ganen. Pasa también por conseguir liderazgos empoderadores que sepan movilizar las capacidades colectivas; por la horizontalidad en las prácticas y en el flujo de información; por una gestión de los tiempos en la organización conciliable con la vida personal, y un larguísimo etcétera.

El municipalismo nos aporta un proceso de construcción de los análisis y las soluciones que parte de lo próximo y lo concreto para ir encontrando respuestas a los problemas que emergen en las escalas superiores. Y que, sobre todo, cuestiona enfoques que parten de construcciones mentales globales y abstractas que luego se intentan imponer a las realidades diversas y tozudamente concretas de cada lugar.

Así escrito, me da que mucha gente estará de acuerdo conmigo (o al menos no reconocerá públicamente su desacuerdo). Pero, por mi experiencia, me temo que de manera íntima, emocional, inconsciente… todos esos valores no son aún plenamente compartidos por todas las que apostamos por construir una organización política transformadora y de mayorías para el siglo XXI. Y me temo que, a menudo, se quedan en meras palabras bonitas que quedan bien en los documentos y discursos, sin que alcancen a impregnar la cultura y las prácticas de nuestras organizaciones.

Por simplificar, creo detectar dos grandes “cosmovisiones” respecto a lo que ha de ser la organización:

  • Para algunas, ha de ser una roca. Fuerte, dura, compacta y sin fisuras; que resiste los ataques de los elementos. Y, si es preciso, renunciando a las partes porosas, aun a costa de hacerse más pequeña.
  • Para otras, ha de ser como la marea. Líquida, llena de gotas diversas que cuando se coordinan son capaces de alzarse y romper en la costa con una fuerza tremenda. Y, si es preciso, apostándolo todo a una marea viva permanente, que no piense en el reflujo o la bajamar.

Para poder seguir construyendo, lo primero es tomar consciencia de dónde estamos y de lo que no queremos. Y creo que eso debería ser más fácil: no queremos un conjunto disperso de cantos rodados varados en la playa, y no queremos largos años de mareas muertas. Necesitamos a ambas, a la roca y la marea, buscando sinergias, aceptándose, conviviendo… El reto lo vale.

[1] Para más detalles respecto al proceso y amplia documentación de análisis pueden verse los documentos referenciados en: https://us14.campaign-archive.com/?u=9fe76029fe21ea478e7418d13&id=4e33da46a6

Autor/Autora

David Balbás

Equip d'organització i territori de Catalunya en Comú

Articles publicats : 1

Comentaris (1)

  • Roman

    Estimado David, algunos comentarios:

    -En efecto, la organización ideal combina el Qi i el Zheng. El Zheng es la fortaleza que dan la estructura, la estabilidad, los procedimientos, las costumbres, las rutinas y el Qi es lo inesperado, lo dinámico, lo que se adapta, lo que engaña, lo que improvisa. Defiende con el Zheng, ataca con el Qi y aprende a convertir uno en el otro para desconcertar a tu enemigo, pequeño saltamontes.

    -La disyuntiva principal a que nos enfrentamos a la hora de diseñar el nuevo partido es si será un partido de abajo arriba o viceversa. Está claro que la operatividad y la adaptación al medio reclaman un partido de líderes que solo respondan ante sus votantes. Este hiperliderazgo facilita el trabajo mediático, aligera costes de estructura y permite rápidos cambios de opinión para adaptarse a las circunstancias. Además permite a las élites de las estructuras existentes negociar las listas y los puestos sin someterse a engorrosas e inciertas votaciones entre la militancia. El problema es que este modelo es contrario a la tradición de la izquierda tanto catalana como española, es contrario a la doctrina del intelectual orgánico y es contrario a la retórica fieramente asamblearia que uno oye en las reuniones de los Comunes o lee en nuestros documentos. Igual como las personas se han de aceptar a si mismas como son, los partidos no pueden predicar una cosa y hacer otra, no pueden fomentar el asamblearismo mientras practican el cesarismo, el despotismo ilustrado y la dinámica de camarillas.

    -Es muy traído por los pelos reducir los debates entre holismo vs. individualismo, colaboración vs. competición, horizontalidad vs. jerarquía, empatía vs. “chacun pour soi”, participación vs. despotismo, etc… a un debate entre femenino vs. masculino. Pero no me doy por aludida así que tampoco me voy a entretener en argumentar. Deberían ser las mujeres las que protestaran de la trampa en que las meten al adjudicarles todas esas virtudes que al final no son más que estereotipos de género que condicionarán su vida y las encasillarán. Por mi, si para hacer el bien hemos de creer que lo hacemos en nombre de la feminidad, hagámoslo y ya discutiremos después.

    -Y para terminar, creo que es un error no entender que la economía es la instancia que determina el funcionamiento de la sociedad. El modo en que se producen y comercializan los bienes y servicios así como la forma en que se reparte y/o reinvierte el excedente es nuclear a la ideología y a la política de cada momento histórico. La propiedad y la gestión de esa producción crean un poder al que las clases populares han de oponer el poder del estado, ayudado por la fuerza de los movimientos sociales. Un partido que no reconoce esto, puede ser una gran instrumento para tomar por el poder porque al eludir el tema económico y social, evita enfrentamientos muy peligrosos. Sin embargo, si ese partido llega al poder no sabrá qué hacer, y su acción política no cambiará nada realmente relevante.

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