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La movilización ciudadana como fuente de esperanza

La movilización ciudadana como fuente de esperanza

En la XXI Conferencia Internacional sobre Cambio Climático en París, conocida como COP21, muchos puntos fundamentales quedaron fuera del acuerdo. Los más relevantes: la descarbonización de nuestras economías, la financiación adecuada y compensación a países afectados, los refugiados climáticos o las emisiones generadas por el transporte aéreo y marítimo. Además, los mercados de carbono siguen dentro del acuerdo como una de las mejores soluciones al problema de las emisiones de carbono. Para muchos de nosotros, esto responde fielmente a la lógica del sistema capitalista, que mercantiliza nuestras vidas, dejándolas en mano de la especulación financiera.

El acuerdo alcanzado no incorporó las miles de voces de la ciudadanía que proponían soluciones alternativas a las planteadas en él. Cabe destacar que en varios puntos de París se realizaron una multitud de acciones que contaron, a pesar de los contratiempos, con el apoyo de miles de personas. Frente a la frustración de la inacción de los Estados y frente a la coaptación de las grandes corporaciones de nuestro planeta, surgió la movilización social con gritos de “anticapitalismo” y “otro mundo es posible”. Esta gran confluencia de movimientos por la justicia social y ambiental, como la lucha contra los combustibles fósiles y el fracking o la lucha contra los tratados de libre comercio como el TTIP, CETA o TiSA, fueron la fuente de esperanza para muchos.

Sin embargo, cuatro días después de la clausura de la COP21 se inició en Nairobi, Kenia, la X Conferencia Ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC),  a la que acudió la comisaria de Comercio de la UE, Cecilia Malmström, para intentar desbloquear las negociaciones sobre los tratados de comercio de nueva generación (incluido el TTIP y el CETA) e impulsar una nueva ola de liberalización mundial del comercio. Para muchos, una prueba evidente de las pretensiones reales, detrás de las políticas de la Unión Europea de situar las políticas económicas de libre comercio por encima del medio ambiente.

La pretensión real de la Unión Europea es poner las políticas económicas de libre comercio por encima del medio ambiente.

Prueba de ello es el caso de la multinacional TransCanada, que demandó por 15.000 millones de dólares a Estados Unidos por la paralización del oleoducto Keystone XL. La compañía denunció al Gobierno de EE.UU. mediante el mecanismo de ISDS, por haber denegado la construcción del oleoducto Keystone XL, por el que se pretendía transportar arenas biotuminosas de Canadá hasta la Costa Este de EE.UU. para ser exportadas a Europa. Este caso deja nuevamente en evidencia a los Estados y la incoherencia de sus acuerdos para mitigar el cambio climático, mientras fomentan los tratados de libre comercio.

Gus Van Harten, profesor de Osgoode Hall en Canadá, especialista en leyes de inversiones, presentó antes de la COP21 un informe sobre la “Disposición de derogación del ISDS para apoyar las acciones sobre el cambio climático”, en el que alertaba de que acuerdos como el TTIP o el CETA podrían limitar la capacidad de los Estados de legislar a favor de medidas que mitiguen el cambio climático. Sin embargo, a día de hoy las negociaciones sobre estos tratados de libre comercio siguen incluyendo este sistema de arbitraje, que permite a las corporaciones demandar a los Estados.

En definitiva, el acuerdo alcanzado en París, para muchos activistas no es más que una apuesta por el mismo modelo devastador que tenemos y que nos ha conducido a esta crisis socioambiental. Nadie duda del interés de los poderosos en situar el comercio, el beneficio de unos pocos, por encima de los intereses del Planeta y de las personas.  Sin embargo, crecen las resistencias y el activismo social, que sitúa a este sistema económico, político y social camino de sufrir una crisis de legitimidad. Las reglas del juego ya no logran mantener este sistema caduco que subsiste y se resiste buscando nuevas formas de existencia sin tener que romper con sus principios básicos. Del conflicto social y ambiental generado, surgen las voces de esperanza uniendo diversas luchas sociales, también contra el cambio climático.

Autor/Autora

Lucía Barcena

Activista d'Ecologistas en Acción

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