La Gran Barcelona contra la Barcelona centrifugadora Revisat per Revista Treball a . Barcelona está inmersa en una crisis de asequibilidad de vivienda. Pero esta crisis no se limita a Barcelona, en dos sentidos: se extiende a las ciudades vecina Barcelona está inmersa en una crisis de asequibilidad de vivienda. Pero esta crisis no se limita a Barcelona, en dos sentidos: se extiende a las ciudades vecina Rating: 0
Esteu aquí: Home » Món local » La Gran Barcelona contra la Barcelona centrifugadora

La Gran Barcelona contra la Barcelona centrifugadora

La Gran Barcelona contra la Barcelona centrifugadora

Barcelona está inmersa en una crisis de asequibilidad de vivienda. Pero esta crisis no se limita a Barcelona, en dos sentidos: se extiende a las ciudades vecinas del área metropolitana y responde a un proceso global donde las ciudades –Nueva York, Londres, Toronto, etc.– actúan como imanes para el capital. La crisis se va extendiendo, y se extiende porque lo que es una crisis para la mayoría representa una oportunidad para una minoría.

Visto desde la perspectiva de Williamsburg o Shoreditch, la vivienda de Barcelona es barata. Así que la ciudad se ve afectada por un proceso más amplio de gentrificación transnacional. Neil Smith fue pionero en el concepto de la brecha de rentas (rent-gap) para explicar este tipo de fenómeno, contrastando los alquileres actuales con las rentas potenciales. La proliferación de Airbnb es el síntoma emblemático de un movimientos de fondo. Hay mucho dinero por ganar explotando esta brecha de rentas, lo cual equivale a desplazar a los inquilinos actuales.

Los países ricos comparten un contexto económico de estancamiento secular (donde hay poco crecimiento) y de tasas de interés cercanas a cero. Sus economías se han mantenido a flote a través de la flexibilización cuantitativa (que ayudó a calmar la crisis del euro), lo cual ha supuesto un programa masivo de redistribución hacia arriba. El capital busca su salida. De esta manera, la vivienda se ha convertido en uno de los destinos principales para los flujos de capital y para salvaguardar su valor, lo cual erosiona la función social de la vivienda.

Este fenómeno está transformando la composición social de la ciudad. Los trabajadores son exprimidos, mientras que los propietarios se benefician de las rentas adicionales. Existe una clara tendencia centrífuga, donde la mayoría que depende de su trabajo para sobrevivir se ve empujada cada vez más lejos del centro de la ciudad. Richard Florida, en su The New Urban Crisis, en parte un mea culpa por su entusiasta defensa de la gentrificación, describe cómo las ciudades de Norteamérica están siendo ahuecadas y polarizadas socialmente. De nuevo, esta lógica se reproduce por el mundo.

Los barrios de clase media se están encogiendo; y por lo tanto, la crisis de la vivienda también se convierte en una crisis de la reproducción de la clase media (cada vez más definida en términos de propiedad), con un fuerte componente generacional. Los cambios económicos que reconfiguran la demografía de la ciudad presagian mayores dificultades en el futuro para estructurar mayorías progresistas. Al aumentar las desigualdades espaciales, la riqueza se concentrará aún más en el núcleo, pero los trabajadores precarios serán expulsados fuera de los límites del municipio a otras partes de la región metropolitana. Y los propietarios privilegiados tendrán un mayor peso político.

De momento, el actual gobierno municipal es un referente europeo en materia de políticas públicas reformistas de izquierdas, pero también muestra algunas carencias frente a los capitales transnacionales. Las medidas paliativas de redistribución a corto plazo son imprescindibles, pero no serán suficientes para detener la tendencia a la polarización. Lo que ayuda a garantizar la paz social también puede anticipar desplazamientos posteriores. Los excelentes servicios públicos, redes de transporte y dignos espacios públicos de Barcelona representan unos suculentos bocados para actores privados, que buscan apropiarse de lo que consideran su parte.

Al pasear por el Paseo de Gracia, con sus fachadas en vías de renovación tapadas por publicidad monumental digna de Tiananmen, se puede intuir parte del rumbo de la ciudad. Aparece allí el logotipo del Ayuntamiento de forma innecesaria, dado que este gobierno dispone de un superávit fiscal que todavía no domina del todo; su presencia insignificante representa una cierta complicidad con los grandes capitales extranjeros, continuidad con los gobiernos anteriores y también una cierta impotencia. No avala precisamente la existencia de una revolución democrática.

El derecho a la ciudad puede entenderse como el control democrático sobre la producción y el uso del excedente urbano. Concretar este derecho es una asignatura pendiente. Pero el gran obstáculo para la realización de este derecho en Barcelona es que el alcance de su mercado y las fronteras de su democracia no coinciden. El excedente se genera a través del área metropolitana, aunque se condense en el centro. Mariona Tomàs publicó recientemente un excelente artículo sobre la obra de Pascual Maragall relacionada con su concepción de la Barcelona real, la metropolitana. Su marco sigue muy vigente. La democracia local, a diferencia de los actores privados, está confinada dentro de los municipios específicos. Las estructuras metropolitanas son indirectas y opacas. Y entonces, el desajuste entre lo económico y lo político socava el derecho a la ciudad.

En este contexto, el soberanismo municipal es una estrategia inadecuada para establecer un mayor control democrático, por no decir un callejón sin salida. El fracturado tejido municipal permite al capital participar en una subasta constante para ver quién cumplirá con sus exigencias, reproduciendo así una lógica que opera entre ciudades y Estados a nivel europeo y global. Así que Hospitalet puede acabar jugando el papel de Irlanda, o Sant Cugat el de Luxemburgo. La propia ciudad de Barcelona carece de la capacidad para restringir unilateralmente el alcance del mercado, por lo cual es imprescindible trabajar para ampliar el alcance de las estructuras democráticas. Si el excedente es metropolitano, su método de control tendrá que ser metropolitano también. Dicho de otra manera: toca aplicar una lógica federal, porque la Barcelona territorialmente limitada es el enemigo de la Barcelona plenamente democrática.

La creación de una Gran Barcelona debería ascender en la lista de las prioridades políticas. Supondría la creación de un escudo de herejía, permitiendo una mayor capacidad para regular e intervenir en los mercados de vivienda, para mejorar las redes de transporte y los servicios públicos, para fomentar la redistribución, etc. Facilitaría la consolidación de mayorías populares efectivas. Sin embargo, presenta un reto complicado: amenazaría los intereses de los partidos de derecha; representaría un contrapeso a una Generalitat estructuralmente sesgada hacia los intereses del interior; perturbaría el dominio del PSC sobre sus feudos municipales restantes; y sometería la hegemonía de los Comunes a una nueva y mayor competencia. Puede que sea más seductiva, entonces, la cooperación con ciudades socialdemócratas como París y Berlín. Pero la cooperación municipalista más necesaria seguirá siendo entre Barcelona y los ayuntamientos de su entorno, prefigurando una representación democrática compartida de sus ciudadanos y ciudadanas.

 

Autor/Autora

David Lizoain

Economista

Articles publicats : 1

Deixa el teu comentari

Scroll to top