El abrazo de Ada Revisat per Revista Treball a . El día que ganamos las elecciones generales en mi pueblo, ahora le llamamos ciudad, miraba los resultados y me pellizcaba, no fuera que fuese un sueño. Hacía 34 El día que ganamos las elecciones generales en mi pueblo, ahora le llamamos ciudad, miraba los resultados y me pellizcaba, no fuera que fuese un sueño. Hacía 34 Rating: 0
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El abrazo de Ada

El abrazo de Ada

El día que ganamos las elecciones generales en mi pueblo, ahora le llamamos ciudad, miraba los resultados y me pellizcaba, no fuera que fuese un sueño. Hacía 34 años que no ganábamos, desde las primeras elecciones al Parlamento, cuando llevábamos a Josep Benet y su silueta en un póster de cabeza de lista. Entonces, mi pueblo era todavía un pueblo, y mi partido era todavía el PSUC, unos meses antes de que los Reyes Magos le trajesen carbón y suicidio en el Palacio de Exposiciones y Congresos de Montjuïc.

Todavía recuerdo a nuestra hada sin hache, la Ada, en la Caja Mágica de Madrid diciendo que se sentía como en casa con la buena gente de Madrid, con el Madrid del no pasarán, con el Madrid de las mareas blancas, con el Madrid de la alcaldesa Carmena. Le temblaba la voz, con esa fragilidad que da la emoción de hablar a la gente de verdad de los problemas de verdad con el lenguaje sencillo de la vida. El lenguaje poético de las cosas que pasan en la calle, que decía Machado, en vez de los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa, que acostumbra a decir y escribir la política, en catalán y en castellano, en gallego y en vasco.

Ese abrazo con Pablo Iglesias, que era más que un abrazo con Pablo y con Podemos, que era un abrazo con la España de las clases subalternas, la España amiga de las Adas y de las Carmenas, rebelde y descontenta. Ese abrazo de afecto con el Madrid popular, que incluía en el mismo abrazo a la gente del País Valenciano, de Euskadi, de Galicia, de Andalucía, y a la gente de la España plurinacional todavía por hacer, creó un momento fundacional de una identidad plural rescatada, en el que mucha gente excluida se sintió incluida.

Ese sentirse como en casa, más rotundo que cualquier discurso de veinte páginas, convirtió a Ada en la líder natural de la gente común, más allá de las Barcelonas, creando un nuevo imaginario, un país en común que rompía las fronteras que habían querido trazar unos y otros. Juraría que fue en aquel momento cuando empezamos a ganar las elecciones generales en Cataluña. Despertado de un letargo por ese abrazo simbólico, un nuevo espacio electoral se había abierto en mi pueblo, que ahora le llamamos ciudad, en los barrios que crecieron con oleadas de gente que vinieron en los setenta del resto de España y que en diez años multiplicaron por siete la gente que éramos, en los barrios más jóvenes e incluso en los barrios del centro. Ganamos en barrios donde anteriormente había ganado Ciudadanos, en barrios que habían ganado los socialistas e incluso en alguno que habían ganado los convergentes.

Lo digo porque a veces se nos olvida de quién son, de quién son estos olivos, y nos olvidamos que Cataluña es más gente que la gente a la que vemos cada día. Deberíamos ser un espacio político capaz de descoser la faja con la que nos han metido en cintura a la gente asalariada, parada y pensionista, pero también para coser fraternidades y proyectos fracturados entre Cataluña y España, y entre Cataluña y Cataluña. Y deberíamos escribirlo de manera que se nos entienda todo, para que la gente común que no viene a nuestras asambleas pueda sentirlo como un espacio que la incluye.

Un espacio que pueda entender y compartir la vecina de abajo, que ve Telecinco y va con chándal, el veinteañero que ni estudia ni encuentra trabajo y se pone una cerveza y la camiseta de la selección española cuando lo dan por la tele, la mujer y tres hijos amenazada de desahucio, el de una peña flamenca que cuando le llama la peña de Chiclana le sale de fondo de pantalla la estelada porque a los del Madrid les cabrea.

Esa y otra gente está de nuestro lado, pero para ellos España también forma parte de su identidad y sus cariños. Tienen España formando parte de su proyecto vital, una historia común –mucho más cercana que otras– soldada con la sangre derramada en común por la España republicana, de muertos que compartieron trinchera y fosa común, de nietos con la huella de la vieja memoria de los abuelos que han conocido, de los abuelos que han desconocido incluso el lugar donde fueron enterrados. España siempre es una historia de cariño a la tierra, a las gentes, a los paisajes, y una historia de desconsuelo con una gran parte de sus gobernantes.

Estos catalanes, nacidos más aquí o más allí del Ebro o más, tienen como lengua materna el castellano y una historia cultural, desde Cervantes, Miguel Hernández, a Vázquez Montalbán o Juan Marsé, que comparten, y de la que se sienten herederos. Que añoran como Raimon el seu carrer blanc y que creen que escribió para ellos aquello de qui perd els orígens, perd la identitat. Hay también la Cataluña poligonera, la de los paisajes cercanos a los polígonos obreros, la que no ve TV3 si no es para el fútbol o el tiempo, que alimenta la reivindicación de a diario que nunca abre los telenotícies, la que vive el drama de ser trabajador en tiempo de reforma laboral.

Son gente que quiere un referéndum para ganar a votos el sí a una Cataluña con más y mejor autogobierno y el no a la independencia que les sabe amarga, a pérdida y exilio. No entienden eso de una “república catalana”, porque están en contra del irse ni que sea para volver. Este País en Común, un bello nombre para un proyecto, puede aspirar a muchos sueños, pero en ningún caso a renunciar a aquella ilusión que nació con el abrazo de Ada y Podemos, con la compañía y el aliento ecologista y obrero de las gentes de Iniciativa y de EUiA. Ese sueño de unir en un abrazo fraternal la Cataluña popular y la España plurinacional, la España de la buena gente que querrían que la España de la política se pareciese a ellos. Para construir ese País en Común debe cambiar Cataluña, debe cambiar España, y seguramente debe cambiar profundamente el borrador del documento fundacional.

En estos tiempos del Twitter, a mí me gustaría que lo reescribiese Javier Pérez Andújar de arriba a abajo, que nos lo recortase como para un pregón, y que pudiéramos repetirlo en voz alta por las calles y plazas, como si fuera el manifiesto comunista, para devolver a la política el lenguaje de la gente común.

Autor/Autora

José Luis Atienza

Coordinador del Grup de Dret a Decidir i Cultura Federal

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Comentaris (7)

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    Pere

    “Cambiar profundamente el borrador del documento fundacional”…
    Algú ja l’ha canviat (qui?, per què? amb quins criteris?), abans que el text surti a debat en el procés congressual, com han informat diversos diaris digitals:
    On deia: “una República que, a través d’un procés constituent, podrà compartir sobiranies, en el que consideri i decideixi la ciutadania catalana, amb un estat que hauria de ser plurinacional”
    Ara diu: “República que s’ha de constituir en relació fraternal amb la resta de pobles de la Península” i afegeix que “l’expressió d’aquesta construcció conjunta ha de residir en la capacitat de compartir sobiranies amb un Estat que ha de desenvolupar plenament el seu caràcter plurinacional”.
    Penso que el projecte dels Comuns ha de donar cabuda a una pluralitat de visions respecte de la qüestió nacional i, per tant, ha de ser obert, i no restringir el futur de Catalunya a un horitzó que forçosament hagi de passar per Espanya.

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    Atienza

    En rigor, coincidirás amb mi que no es pot apostar per una República catalana en una monarquia espanyola, que nomás pot existir si abans Catalunya s’ha constituït en una República independent, amo la qual és legítimo està d’acord però que ens fica de pues a la galleda de l’independentisme. Qui no som independentistes no podem estar d’acord perquè la proposta no té res d’oberta.
    Tampoco entén que vol dir això de relación fraternal amb les pobres de la Península, és a dir Espanya i Portugal, exceptuant les illes i les Canàries. Com a mínim, des del respecte, ho trobo extravagant.

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    Pedro López Provencio

    Muy bien José Luís, me siento muy identificado con tu escrito.

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    Antoni

    José Luis, has escrit un article meravellós, de debò, crec que has estat capaç de sintetitzar el sentiment de la majoria de la gent que ens va donar, pot ser prestat, el vot en les dues darreres eleccions generals a Catalunya, i que ens va permetre guanyar en pobles, ara ciutats, como tu dius, com el meu, Badalona, on en tots els barris populars havien votat el Partit Popular en les últimes eleccions municipals i va ser la 1ª força política, En Comú Podem va guanyar en quasi tots els barris de la ciutat. I aquesta força que ens van donar els ciutadans i ciutadanes arreu de Catalunya, la podem malbaratar si ens fiquem de cap i peus en el terreny independentista, que es el que passaria si no modifiquem el text de la ponència zero, tal com ho explica tan bé el amic, mestre i company, Atienza.

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    Pere

    No patiu: l’expressió “la resta de pobles de la península” és un eufemisme per referir-se a Espanya.
    Altra cosa és que, amb aquests plantejaments, una força política que es pretén nova de trinca vagi gaire més enllà que la Iniciativa de la darrera època.
    El dia que es perdi definitivament el pluralisme en la qüestió nacional, haurà triomfat l’espanyolisme clàssic -variant “federalista” o autonomista, tant se val-, pel qual sembla que alguns malden amb constància i de forma organitzada.

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    Roman

    Jo també m’he emocionat i he recordat quan Catalunya era de tots i ningú se l’intentava apropiar.

    Aquest ha de ser l’objectiu del nou espai, recuperar la unanimitat. No ens deixem avassallar pels sofistes que ens volen imposar construccions alambicades i semàntiques obscures que amaguin l’independentisme que per ells és obligatori.

    Catalunya no és un joc de paraules. Catalunya és un sentiment que compartim els que vivim i treballem a Catalunya.

    Una abraçada fraternal

    Roman

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    Pedro López Provencio

    Hasta cuándo tendremos que esperar para que se denuncie con claridad y sin concesiones que eso del seudo referéndum parcial que se proponen hacer, ganarlo por goleada y que al día siguiente se acabe con el actual ordenamiento jurídico y entre en vigor otro nuevo, que hasta ese día se mantiene en secreto, es antidemocratico, mentiroso e imposible.

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