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Perdonad, pero quería compartirlo… Estos días está pasando una de esas cosas discretas que quizá para muchos pase desapercibida, pero que es de esas pequeñas victorias por las que algunos estamos aquí.

En la segunda mitad de 2015, un equipo de gente empezamos a trabajar en un proyecto que, como todos los retos que merecen la pena, parecía bastante difícil. El proyecto intentaba dar respuesta a una pregunta muy sencilla: ¿sería posible repetir a escala catalana lo que ha pasado en las últimas elecciones municipales en Barcelona, Terrassa, Coruña, Madrid, etc.?

O, en otras palabras: ¿sería posible que en un buen número de los 947 municipios que hay en Cataluña, las organizaciones políticas transformadoras trabajasen juntas para abrirse a la ciudadanía y para ganar elecciones y batallas culturales? Abrirse a gente como yo, que hace pocos años “pasaba” o desconfiaba de los partidos tradicionales. Ganar elecciones para gobernar en las instituciones y llevar a cabo políticas que mejoren la vida de la gente y del conjunto de la sociedad. Librar batallas culturales en las calles, en los lugares de trabajo, en los bares, o donde podamos… para explicar que para dar respuesta a la precariedad laboral, al derecho a la vivienda, a la salud, a la educación, a una pensión digna, al medio ambiente, a una sociedad no machista y tantas otras cosas, la salida no está en el “sálvese quien pueda” individualista neoliberal, sino en trabajar en común, porque o salimos juntas de esta crisis de sistema en la que estamos atascadas, o no saldremos…

Algunas creímos entonces que quizá fuera difícil, pero que era absolutamente necesario. Hoy han pasado casi 3 años, y juntas hemos hecho bastante camino con, quizá, algunos aciertos y con, sin duda, muchos errores.

Vivimos un primer intento de apertura y debate respecto al ideario y objetivos políticos que compartimos, y que culminó en la asamblea fundacional del 8 de abril de 2017. Vivimos también un desencuentro con la dirección de Podem, que, en aquel momento, no vio claro impulsar decididamente el proyecto.

Aún antes habíamos vivido 2 campañas electorales (como En Comú Podem), en las que resultamos ganadores. Y hemos vivido una tercera, ya como Catalunya en Comú, que no nos ha ido tan bien. También hemos debatido nuestro modelo organizativo, nuestro código ético y los procedimientos para hacer elecciones internas, aprobándolos el pasado 22 de abril.

Vivimos también un proceso electoral interno, y ahora estamos en medio de otro. Momentos revueltos que hacen aflorar tensiones, estructuras de poder y pasiones tristes. Momentos que tiñen de pena y decepción esos mundos nuevos que muchas llevamos en nuestros corazones.

Y hemos hecho muchas otras cosas juntas: 2 consultas on-line, más de un centenar de encuentros territoriales, múltiples actos de debate y formación, participación en movilizaciones como las del 8 de marzo o el 1 de mayo, constituir los espacios de trabajo sectorial, etc.

Estas semanas estamos en un cambio de etapa en el proyecto, iniciando la fase que puede ayudarnos a dar sentido a todo lo que hemos hecho hasta ahora y que nos dirá si los que creíamos que era posible confluir, abrirse a la ciudadanía y ganar para hacer posible el cambio estábamos en lo cierto, o nos “flipamos” y hay que conformarse con ser una minoría protestona en manos de los que remenen les cireres.

Estas semanas se están constituyendo en toda Cataluña un centenar de comunes locales. Como miembro del equipo de organización y territorio de Catalunya en Comú, estoy teniendo la inmensa suerte de poder participar en asambleas emotivas, de gente común dispuesta a arremangarse y construir el proyecto desde su pueblo o barrio. En algunos casos, más numerosas; en otros, más reducidas; juntando gente mayor y también algunos jóvenes, gente con distintos pasados que, sin renunciar a ellos, ha decidido poner el foco en el futuro en común a construir conjuntamente.

En el momento de asumir la decisión de constituirse como asamblea, se respira un punto de responsabilidad y compromiso. Un compromiso con sus vecinos y vecinas, con la gente de su ámbito territorial y de muchos municipios de Cataluña con los que comparten anhelos de cambio social y, aún más allá, con gente de otros puntos de España o del mundo, que observa con dudas y esperanza si nuestra experiencia de confluencia supramunicipal prosperará.

Se respira también esa alegría y frescura de las primeras veces, esa sensación de que todo está por hacer, de que el testigo ahora está en sus manos y de que, si hasta ahora Catalunya en Comú se ha construido sobre todo de arriba hacia abajo, es su momento, el momento en que desde cada municipio pueden cambiar las cosas de abajo hacia arriba.

Y en el horizonte, indudablemente, un primer gran reto: construir candidaturas transformadoras y de mayorías para encarar las elecciones municipales de aquí a menos de 1 año.

En las asambleas explicamos las implicaciones prácticas. En el momento en que un comú se constituye, comienza a funcionar con autonomía, hermanado con el resto de comuns de Cataluña por algunos compromisos básicos (Ideario y Estatutos). Desde organización nacional se intentarán facilitar algunas herramientas muy básicas para que puedan comenzar a funcionar con los (escasos) recursos disponibles; y habrá algunas personas de la asamblea (el grupo motor transitorio) que asumirán la responsabilidad de impulsar y dinamizar los primeros pasos del comú local.

Hay también algunas sugerencias para las dinámicas de funcionamiento, que después cada uno adaptará a su manera:

  1. Intentar construir un espacio feminizado. Un espacio en el que se cuida a los otros, al que se va más a escuchar activamente que a hablar, que busca tejer relaciones positivas y complicidades, que reconoce las subjetividades, que refuerza el empoderamiento individual y el apoyo mutuo, que procura erradicar formas de imposición (por rango, por destreza en la oratoria, etc.).
  2. Intentar construir un espacio radicalmente democrático. Es decir, un espacio en el que hay transparencia radical, en el que toda la información necesaria está disponible para todo el mundo. Y también un espacio en el que se gestiona el disenso: gente que opina diferente sobre algunos temas, pero que es capaz de continuar trabajando junta.
  3. Intentar orientarse a la acción y “hacia afuera”. Montar una paella, unas paradas en el mercado para repartir propaganda, un acto, salir a preguntar la opinión de los vecinos y vecinas… Todo esto, a menudo, nos ayuda más a trabajar juntas y conseguir nuestros objetivos que grandes debates sobre temas abstractos que se quedan en la asamblea.
  4. Aprovechar las posibilidades y capacidades de todas. Habrá a quien le coincidan bien los horarios y le guste ir a reuniones y hablar en público; pero otras, solo podrán seguir los mails y comentar virtualmente; otras, escribirán muy bien, y pueden hacer artículos o cartas para la prensa local; a otras no les atraerán las reuniones, pero pueden ser fantásticas preparando pancartas o cánticos para una manifestación; otras estarán en las barras cuando montemos una fiesta, o se encargarán de dinamizar los espacios de cuidados para niños y niñas en nuestras actividades. Todas son valiosas, todas son imprescindibles. Tenemos que intentar construir una organización que aproveche todas las capacidades, que no haga miembros de primera y de segunda.

Generalmente, acabamos las asambleas tomando algo juntas, celebrando esa pequeña victoria, imaginando todo un año de esfuerzo compartido por un sueño común, y sonreímos… Me gusta la paráfrasis “si no puedo sonreír, no es mi revolución”. En las asambleas hay vida, sonrisas, ganas de construir juntas… En los aparatos, no tanta.

Autor/Autora

David Balbás

Membre de l'equip d'organització i territori de Catalunya en Comú

Articles publicats : 2

Comentaris (1)

  • Roman

    Estimado David,

    No se cómo comentar tu artículo. Una forma fácil sería recurrir al sarcasmo y decirte que me encanta esa organización que describes, que dónde hay que apuntarse y que porqué hasta ahora no había oído hablar de ella. Pero no tengo ganas de ser ingenioso porque la distancia entre lo que son las cosas y como deberían ser me duele tanto como te duele a ti y entiendo que el esfuerzo que haces por mirar la botella medio llena merece un respeto, sobre todo viniendo de alguien que lucha incansablemente para que esté realmente llena.

    Lo cierto es que las cosas no van bien y que hay un problema estructural. No solo no es posible crear un partido de ámbito nacional a base de asamblearismo sino que intentarlo lleva a graves disfunciones. Muchas habeis llegado a esta conclusión pero creo que no estais haciendo el retorno a las activistas de base a los que se sigue alimentando de utopía asamblearia. Existe una disonancia creciente entre esta retórica espontaneista y la realidad. Las estructuras de poder informales y las camarillas son las que rigen el día a día mientras las asambleas (y no digamos los talleres) son solo marcos de legitimación imaginaria. La razón de estado se impone a la democracia con toda naturalidad. Yo no se como enfocar esto ni como debatirlo sin hacer daño a la organización pero tampoco me parece que aplaudir lo que está pasando sea acertado. Creo que deberíamos montar algo más democrático en la práctica aunque fuera a costa de que fuera menos democrático en la teoría.

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