Barrio Revisat per Revista Treball a . En el barrio tienes "tus" comerciantes, yo tengo "mi" pescatera (y sus grandes cuchos afilados), "mi" pollastraire (y su "guapa, què vols?"), "mi carnicero hala En el barrio tienes "tus" comerciantes, yo tengo "mi" pescatera (y sus grandes cuchos afilados), "mi" pollastraire (y su "guapa, què vols?"), "mi carnicero hala Rating: 0
Esteu aquí: Home » Món local » Barrio

Barrio

Barrio

En el barrio tienes “tus” comerciantes, yo tengo “mi” pescatera (y sus grandes cuchos afilados), “mi” pollastraire (y su “guapa, què vols?”), “mi carnicero halal (y su “nada más, guapa?”), “mi” farmaceútico…

Mi farmaceútico es un señor de Convergencia. El 1 de octubre de 2017, cuando salía de votar en el Mediterránea, me presentó a un amigo suyo de Unió. Nos hicimos una foto en la que yo estaba en medio, entre Convergencia y Unió, bromeamos sobre el tema. Su amigo de Unió me dio su teléfono y he olvidado su nombre.

Hace unas semanas me preguntó si definitivamente iba a presentarme, había leído con preocupación, según me dijo, que me lo estaba pensando y quería saber cuál era la conclusión final. Le transmití la decisión final y con cierto alivio pronunció una frase hecha en catalán que no recuerdo, pero que venía a ser un “más vale malo conocido que bueno por conocer” y él, al fin y al cabo “a mí me conocía mucho”. Así que celebró la decisión final.

Hoy tenía que ir a recoger unos medicamentos, había dejado la receta por la mañana y tenían que llegar a media tarde, he pasado a las 18, pero aun no habían llegado ni los medicamentos, ni la aprobación del hospital. Me he ido a la charla que quería escuchar, al salir, he sido sorprendentemente previsora y he llamado a la farmacia. T, el farmaceútico, me ha dicho que no me preocupara. Cierra a las 22, pero estaría trabajando hasta las 23; si llegaba más tarde, podía ir a buscarlo al bar S., donde estaría cenando. He llegado antes de que se fuera a cenar, me ha dado los medicamentos, explicándome meticulosamente, como siempre, como cuando me vende una crema hidratante para la cara, los números que salen en el ticket, le he visto hacer esa misma operación con las mujeres mayores que dejan sus recetas de la seguridad social, forma parte de la venta, del generar confianza. Con cierta complicidad, me ha recordado que allá son una tumba; luego ha enfatizado de manera entusiasta que ya se podía ir a cenar. Antes de irme me ha vuelto a recordar que se alegraba de que me volviera a presentar. A veces creo que se olvida que es de Convergencia y solo se acuerda de ser el farmaceútico del barrio, “mi” farmaceútico.

________________________

CAEN VOTOS DEL PSC DEL CIELO

Eran pasadas las doce de la noche de un viernes, volvía a casa después de haber casi engañado a una amiga para que me acompañara al Born a ojear un local en el que me habían dicho que se pasaba droga.

Serpenteé las callejuelas del barrio y elegí una que transito poco en mis vueltas a casa. De repente, oí una voz “Gala Pin”, no le hice caso “Gala Pin!”, me giré, a lo lejos había una pareja que tenía poca pinta de conocerme y menos aun de estar preocupada por interpelarme. “Gala Pin!!” empecé a dudar si tenía alucinaciones auditivas, no había nadie más por la calle. Volvió a sonar la voz. Estos cuatro años he sentido más de una vez el miedo a traspasar esa linea sutil entre la cordura y la locura, era posible que hubiera llegado el momento, que ni siquiera hubiera notado el momento de cruzar esa fina linea. Me consolé pensando que al menos había sido en el barrio y podía avisar a alguien. Y si la voz sonaba solo en mi cabeza, la parte positiva es que no podía despertar a ningún vecino.

“Gala Pin!!” Levanté la mirada, en un cuarto piso, vi una bandera de la Barceloneta colgada en un balcón y ergidas tras ella, unas gafas que portaban un señor. O eso intuí, solo se veían las gafas. “Gala Pin! Eres la Gala Pin, verdad?” “Sí, sí, soy yo”, susurré gritando, más preocupada por la hora y los gritos que por entender qué quería esa voz que salía de unas gafas que portaban un señor ergidas tras una bandera. Me estaban hablando unas gafas: no me había vuelto loca. “Sabes quién soy yo?” “es que no te veo!” Me vociferó, sin preocuparle (como sí que me importaba a mí) que pudieran escucharlo sus vecinos, que era uno de los que le habían regalado la bandera del barrio a la alcaldesa el día de la fiesta mayor, después, como un consecuencia lógica, gritó (de nuevo, gritó) que nos iba a votar. Si no fuera por la hora, me hubiera alegrado y todo, pero me preocupaba que hubiera despertado a algún vecino. Entonces me acordé de que además de haberle regalado entusiastamente una bandera del barrio a la alcaldesa, era un antiguo votante del PSC y padre de un conocido militante del PSC del barrio.

Así fue como un viernes por la noche tuve tanto la sensación de que nos caían votos del PSC del cielo, como la certeza de que había que mejorar la iluminación de esa calle.

Ese es mi barrio, un sitio en el que una voz del PSC te dice en medio de la oscuridad que nos votará, mientras un farmaceútico de Convergencia te guarda los medicamentos como si fueran secretos antes de irse a cenar al restaurante de S., ese señor que el día 1 de octubre, mientras yo posaba entre Convergencia y Unió, amenazó con que si se declaraba la independencia, se llevaría sus restaurantes a España, como un castigo al que, la verdad, es que nadie hizo demasiado caso

Autor/Autora

Gala Pin

Ex-regidora comuner feliçment a l'atur

Articles publicats : 2

Deixa el teu comentari

Scroll to top